domingo, 9 de septiembre de 2012

De la brecha a la intoxicación digital: Una paradoja quizá en mitad del nuevo paradigma enfermero 2.0


 Imagen desintoxicación digital detaching offlining

La invitación a participar en una mesa en el próximo Congreso de Asanec el mes de Octubre que lleva por título principal "Cómo crecer a través de las Redes Sociales", y mientras consigo ajustar cuadrante, concretar ideas y decidir sobre la posibilidad de estar presente y desvirtualizar finalmente a unos cuantos de los huéspedes dospuntocéricos de la blogosfera enfermera (que ya me apetece y va siendo hora), saltan a mi cabeza unas cuantas reflexiones que (después de estos dos meses en los que las respuestas y la participación en esas redes sociales ha estado condicionada sobre todo por el convulso estado de las cosas, volcando una vez más visceralidad y mofa y ante la famosa crisis y la torpe y deshumanizada respuesta política en esa carrera perdida de antemano por conseguir mantener el supuesto Estado de Bienestar que muchos no habían, ni tan siquiera, conocido aún) son el fruto posiblemente de un empacho tal, que me resulta imposible no compartir hoy retomando las entradas al Blog (estoy cansado de #recortes, #todosauna, #rescate y @SanchezGordillo):

Nos hemos planteado muchas veces la existencia de una supuesta "brecha digital" en este virtual mundo emergente en el que las enfermeras, y se ha repetido en multitud de ocasiones, se van haciendo un hueco "a empujones" y en ese intento por implementar fórmulas de cuidado y de gestión de su propio patrimonio de conocimiento. Y en ello se está, en intentar difundir y globalizar el manejo de instrumentos, recursos e idoneidad de uso y aprendizaje, con mayor o menor acierto, ortodoxia, constancia, potencial de difusión, rigor y/o calidad.

Nos hemos empeñado en inculcar (seguimos y seguiremos haciéndolo #wehaveadream) esa ACTITUD que hiciese de las Enfermeras 2.0 un grupo potente, cohesionado, con potencial y en una linea creciente exponencial que nos hiciera visibles, entendidas y respetadas (...). 
Cuando a la vez seguimos peleando esa lucha histórica en ese otro plano real desvirtualizado en el que aún seguimos sintiéndonos perdedores y desconocidos, nos adentramos en el intento de hacernos presentes desde ese otro lado del espejo, en el que nos empeñamos en romper jerarquía y estructuras piramidales a la voz de "todos somos iguales, la información ya no es monopolio de nadie, somos enfermeras y estamos orgullosas de ello").

En esa lucha estamos, pero he de reconocer que ello conlleva sus riesgos, aparte el desgaste, los momentos de flaqueza y los efectos secundarios de tal atrevimiento, que no son otros que el reconocimiento, el mio propio al menos, de que sufrimos o podemos sufrir (a poco de perder los papeles y el control), y paradójicamente a la existencia de esa brecha que por supuesto tú consideras superada en tu fuero interno y personal, una intoxicación digital que te empuja, muchas veces, a dudar de todo y a perder el norte de lo que deberían ser unos objetivos claros, concretos, racionales y racionados, consensuados y alcanzables sin distraimientos paralelos y dimensionados para evitar el empacho; medida desmesurada ésta que te hace prolongar tu virtualidad en la frontera con lo real, desdibujando ambos planos en uno solo y prolongado difícilmente diferenciable uno de otro, en esa oferta "24 horas on" en la que terminas haciendo a todo tu Tweet Line cómplice y partícipe éste de todas tus virtudes, miserias y contradicciones.

La hiperconectividad es reconocida como "el exceso en el uso de objetos electrónicos y consumo de internet" que pueden perfectamente llevarte a planteamientos de "Tweet off" falsos, en los que crees desconectar o te planteas el mismo sin llegar jamás a conseguirlo. Sin desearlo en el fondo, con el agravante de que el sentimiento de vacío ante la no presencia y posibilidad de seguir conectado, provoca o puede llegar a provocar estados de ansiedad y de desesperanza tales, que rocen o cuadren lo patológico (Quizá podamos estar, en ese intento por cuidar desde el cíber, ante un agente causal de desequilibrio con unas manifestaciones claras que puedan ser evidenciadas por nuestro juicio clínico y en el reconocimiento de una nueva etiqueta diagnóstica enfermera, con posibilidades de intervención y planteados previamente unos resultados de deshabituación en ese uso extremo, obsesivo y excesivo y a través de una evaluación continua que vaya consensuando modificaciones en el manejo correcto y equilibrado de la tecnología y en el destino racional de esa conectividad descubierta ahora patológica y a través de nuestra intervención terapéutica -a vuestra valoración lo dejo, enfermeras-).

La brecha (por defecto) deja de ser tal, para convertirse en "obesidad digital" (por exceso e intoxicación). Y ejemplos mil, a poco que se sea usuario asiduo (qué miedo) de esas Redes Sociales domésticas en las que, las enfermeras, estamos cada vez más presentes y a la vez reclamamos mayor presencia y seguimiento de semejantes que, a poco de ser ingénuo, locuaz, lascivo (sin. impúdico), ocurrente o divertido, se consigue y a la vista está (...) poniendo en duda la existencia misma del verdadero significado y amplitud de la supuesta brecha.

Retransmitimos, curiosamente en esos lapsos de tiempo en el que deberíamos desconectar por concepto (vacaciones, boda, bautizo o entierro), nuestro viaje a Turquía, a la Sierra de Segura, Albarracín o a Escocia, los cuatro largos a la piscina de 7 metros y medio de skinner al de enfrente o nuestra estancia doméstica en Sierra Mágina, acompañada de los distintos saraos, comidas, almuerzos, puestas de sol, paseos sin pertenencia a club alguno y pertenenciendo al mismo, vistas fotográficas y visitas de amigos que, además, se inician en ésto de las redes y a los que premias con la subida de esas "pictures" que inmortalicen el encuentro y derechitas a su inmaculado muro del Face Book que violas sin recato alguno.
Te desayunas con la fiebre y las cagaleras de los hijos de tu TL, y con el cambio de turno a última hora de tu última amiga enfermera que te hizo RT a la réplica que tú hiciste a "@fulanitodetal" porque descubriste la mayor de las mentiras e incongruencias sacadas a la red por éste, aquella mañana que te ibas al "Aquapark" y en la que a esa nueva "amiga" te dio por hacerle "Followed", y cuestión ésta del parque acuático de la que diste repasada cuenta subiendo 13 fotos hasta que se te calló el móvil a la piscina.... Y así todo un verano en el que comenzaste diciendo que pasabas a "Modo OFF" y hasta que la sangre te hirvió viendo lo animado que se ponía el Cíberespacio con lo del robo de la paga extra de Navidad y en espera de ese manifiesto de agravio de Santa Claus que nunca llegó...

En 2015 serán 15 mil millones los dispositivos (entre ordenadores personales, teléfonos móviles, tabletas y electrodomésticos) los que estarán conectados a la Web. Y esa obsesión por estar todo el tiempo online se puede volver una trampa: La relación con la tecnología puede derivar en un simple hartazgo o convertirse en una obsesión peligrosa y provocar unos perfiles que ya han sido reconocidos como patológicos y que, en mayor o menor grado, pueden ser perfectamente reconocibles en cualquiera de nosotros (...).

Como enfermeras que reclamamos el estar ahí, el apoyar con los cuidados cualquier deterioro y posibilidad de resolución autónoma por parte del paciente de sus necesidades o desequilibrios a través de nuestro apoyo y/o suplencia a su fuerza, conocimientos y/o voluntad, desde la RED, y reconociendo el que habitamos esa virtualidad en la que queremos hacernos un espacio y estar presentes, podemos plantearnos la posibilidad de intervención en aspectos como éste y en el intento de conseguir resultados para quien precise (como es nuestra máxima cibercorporativa) no solamente unirse a esa "soldadura de la brecha" (y que estoy convencido que se regenerará por si sola y por un relevo generacional que está claro que diluye a velocidad del rayo los conceptos temporales tradicionales) y que es necesaria, sino a cualquiera que reconozca el que ha perdido un norte que no debe ser otro que el de divertirse sin llegar a ser adicto a la tecnología y sin unos objetivos claros y sí unos evidentes signos de pérdida de la salud (mental) y que requiere de un redireccionamiento en el comportamiento a través de lo que puede haber venido a llamarse el "de-teching", palabra de origen anglosajón, pero sobre todo un híbrido surgido como tantos otros de las redes sociales y que "no tiene vocación fundamentalista ni pretende demonizar a Internet, sino todo lo contrario", hasta el punto de que en esa linea comienzan a aparecer hasta hoteles, retiros y turismo enfocado a la desconexión digital y al "reseteo actitudinal" alrededor de estas cuestiones.

Dejo para otra entrada, y a la vista de lo que ha sido propuesto como esa posibilidad de desconexión digital post-hartazgo, lo que podria ser un esbozo de intervención enfermera. Y dejo en el aire (para quien quiera asir y compartir el reto) también esa posibilidad y planteamiento de definición y manejo disciplinar a través de Proceso (posibilidad que paradójicamente se podría plantear desde la Red, racionalizando uso, método, ciberintervenciones, recursos y evaluación de resultados) de ese "nuevo diagnóstico" que podriamos etiquetar como "Obesidad digital: consumo por exceso de tecnología", que requerirá de esa "dieta" que equilibre dicho consumo y que perfectamente podemos prescribir como enfermeras. Dieta ésta que no es precisamente la que muchas veces iniciamos vísperas del verano. Verano éste que llega a su fin un año más y que puede hacernos sentir tristes (aunque entre las mantas pueda hablar de amor) a la vez que inspirados... (¿?). Hemos vuelto. Seguimos.