miércoles, 23 de marzo de 2011

Día Nacional contra las agresiones en el sector sanitario.

En un día diseñado para la reivindicación contra las agresiones al personal sanitario, es muy fácil desplegar un discurso de calado cuantificado evidente, alrededor de todos esos atentados físicos, verbales y gestuales que contra las enfermeras puedan arrojarse en su diario devenir laboral y provenientes de esos clientes externos que, involuntariamente sino por auténtico ejercicio masoquista, se acercan a los servicios sanitarios, y ya con una carga de suspicacia, escamoteo y animadversión hacia el sistema y su funcionamiento y hacia los estereotipados trabajadores y esquemas funcionales que ahí habitamos y que predispone a ser un energúmeno (sin obviar todo lo que no se denuncia).

Sin que ésto, está claro, deba ser razón suficiente que justifique atropello alguno por la vía de la violencia, no es menos cierto que, vista la configuración de todo el tinglado, la verdad es que ponerse de los nervios no es una respuesta demasiado alejada de objetividad. Por mucho que cualquiera quiera tragar saliva dos veces o respirar hondo antes de apretar los puños. Todos lo hemos vivido cuando cambiamos de rol y no echamos mano de aquello de "Yo soy de la casa"... de la casa de la Familia Monster, diría yo.

Pero no es de ese tipo de agresiones de lo que quería hablar hoy. De esas que provenientes del cliente externo son las que aparecen en prensa y son mediáticamente explotables en Jornadas, Congresos,  Blogs y día nacional del "me cago en tu puta madre, enfermera de mierda".

Existe un agresor institucional que lleva años maltratando a la Profesión de Enfermero. A toda una dispciplina y en ese empeño de pisotear cualquier intento de despegue hacia aspiraciones legítimas que como grupo están en nuestro subsconsciente colectivo y en ese deseo histórico de asir nuestra propia autonomía e independencia:

-Se nos pisotea y agrede corporativamente planteándonos continuamente la diferencia de titulación y de grado a la que han contribuido entes académicos que no han sabido estar al quite y a la altura, a la hora de aprovechar normativa y espacios europeos de educación en los que, posiblemente,  las diferencias curriculares, si es lo que pesa, podían haberse desdibujado y coloreadas de lógica estructura formativa y acorde, no solamente, a ese mantenimiento de propios roles academicistas y académicos trasnochados y poco diferentes a lo que a este nivel  tuvimos que sufrir tutelados en la Universidad por los galenos. Habiendo mirado a un futuro y una lógica distribución de competencias profesionales que hubiesen dado el salto definitivo y no descafeinado en el que se convierte ahora todo ese "nuevo esquema" de titulaciones que arrastran la torpeza de tanto Doctor de Antropología como se ha erigido en postulador de una ciencia que les ha acomodado en Escuelas y escuelitas, Formación y cursillitos, y que les ha llenado la boca (salvo raras excepciones) de método, Proceso y Ciencia (infusa??).

-Se nos pisotea y agrede desde las mismas empresas contratantes, sean públicas o privadas. 
A empujones se nos intentan inculcar esquemas gestores de los que tenemos que participar y a expensas de observar cómo éstos se convierten en nichos de hondo agravio en pro de incentivar (¿?) nuestra adhesión a Misión y Valores institucionales que, por otro lado, no escatiman en obviar ratios, contratos basura como fórmula y políticas de "Sustitución Cero" a costa de la necesidad, a la vez, de trabajar para la sopa boba que, los que ya estamos ahí, hacemos a este esquema por ese imperativo salarial que muchos necesitamos como "extra" a unas nóminas solidadriamente menguadas ante esa crisis que se veía venir y que se negaba ante la cuota electoral de que pendían entonces las mayores medidas sociales de este gobierno progresista, como de cualquier otro de que se hubiera tratado...

-La mayor agresión que sufre nuestra profesión proviene de sus representantes deontológicos, esos que ilegalmente se agarran a una dirección calculada y premeditada que lisonja a todo el que rie las gracias a un Consejo General de Enfermería manufacturado a través de dudoso altruísmo y gestionado con una sutil y, para qué negarlo, inteligentísima estructura y red provincial sometida a idénticas formas, y que les hace clientes internos de maneras y modos, y de obligada tributación a un órgano superior que recoge diezmo y a la vez vende prebendas, en lo que se convierte un negocio redondo, maquinado y perpetuo (¿?). Que además se planta como Autoridad mediadora con poderes políticos del color del mejor viento que sople, creando al resto la necesidad de sentirse representados y de formarse para "ser iguales" que los mismos que nos han pisado y agredido toda la vida con su prepotencia médica, y ante esas cúpulas para la mayoría inalcanzables y a las que, por otro lado, les huelen los pedos como a cualquiera: Es aquí, y en ese mantenimiento de intereses particulares, donde radica el mayor azote a toda nuestra profesión. Y en ese silencio colectivo como respuesta y que nos pone en la picota solamente a cuatro, sino a seis... pero poco más. Y es que hostias de esta gentuza nos están lloviendo desde hace años. Y ésas no las denuncia casi nadie y a mi, no sé por qué, son las que más me duelen y de las que continuamente he sentido la necesidad de defenderme. Hoy y siempre.

2 comentarios:

Mamen dijo...

que no se nos olvide nunca, no sólo nos agreden los pacientes... lo mismo que denunciamos una cosa debieramos denunciar la otra.

Anónimo dijo...

Que verdad todo lo dicho por ti.
Debemos mantener la memoria pero debe ser la edad ...se nos olvidan ciertas cosas.